El hombre se levanta temprano, cansado se arrastra hasta el baño, sus manos ásperas (pues trabaja en una finca) recogen el agua helada del grifo para lavarse la cara. Se levanta adolorido. Corre las cortinas para que entre el sol, apaga las luces del comedor, quedaron encendidas de anoche. En silencio pone a calentar agua para tomar mate.

Es sábado y hoy no trabaja (en realidad pidió el día). Mientras toma los primeros mates (amargos) de la mañana observa dormir a su esposa. Desea un día y una noche tranquila, como eran las de antes. Su esposa se llama Inés, es una mujer de treinta y cinco años, con ella tiene una hija de 16 años que se llama Abril. La pequeña no se encuentra en casa, pasa sus días en casa de su abuela en la Ciudad. Él extraña a su hija pero no la quiere ver sufrir.

Inés ha cambiado su rutina y su forma de ser. Antes era una mujer alegre y hacendosa, que disfrutaba pasar el tiempo con su familia, que cuidaba sus plantas, que escucha música alegre mientras cocinaba para su familia. Hoy Inés mantiene puertas y cortinas cerradas, se queja de la luz del sol. No sale con amigas, no pregunta por su hija (parece que la hubiera olvidado), no escucha música, no mira televisión (quizá esa sea una buena decisión), ha adelgazado (no come ni toma agua).
Preocupado Martín (así se llama nuestro personaje) sale rumbo a Villa Tulumaya a buscar ayuda. Mientras viaja en el colectivo repasa los sucesos de la noche anterior. Inés tuvo otra de sus “crisis”. Martín llegó tarde a su casa porque después de trabajar fue a ver a su hija al Centro. Eran cerca de las once de la noche, abrió la puerta, la casa estaba oscura, intentó encender las luces y nada (más tarde se dio cuenta que Inés había sacado los focos).

Entró despacio, la puerta de la habitación matrimonial estaba cerrada aunque por el filo alcanzaba a ver una luz de una vela que jugueteaba con apagarse. Con sigilo se acercó a la puerta, apoyó su oreja en la fría madera y escuchó la voz de Inés balbuceando palabras en un “idioma” desconocido, las palabras eran ásperas, incomprensibles, torvas, inquietantes.

Mientras Inés “hablaba” otra voz cantaba, también en una lengua extraña. Martín temblando de miedo pero ya agotado de los rituales en su casa abrió la puerta de la habitación, en su trayectoria (la puerta) derribó la vela que iluminaba toda la habitación. La candela no se apagó, Martín trataba de acomodar su vista a la débil luz del cuarto. Vio el cuerpo de su esposa como una sombra moverse por la habitación, ella corría y gritaba alrededor de él. Martín estaba desesperado, no sabía que hacer. Ella, con su pie desnudo, pisó la vela. Oscuridad total.

Inés seguía corriendo por la habitación, él solo escuchaba los pasos que retumbaban, de repente los pasos se alejaron, se escucharon en el comedor y luego se perdieron afuera de la casa. Cuando Martín recuperó el aliento volvió a colocar los focos. Se acostó con la luz encendida pero dejó entreabierta la puerta exterior. Sabía que Inés iba a volver. Siempre volvía cuando él dormía. Esa noche no fue la excepción. Inés regresó y se acostó sin que él lo notara.

Finalmente el colectivo lo depositó en la Terminal, rápidamente caminó hacia la Plaza Departamental, buscaba una iglesia. Dos estaban cerradas. Fue a la tercera, lo atendió la secretaria del Doctor, la señora se identificó como María. Martín le contó la situación que vivía con su esposa y que había acudido porque necesitaba con urgencia un exorcismo:-¿Cuántos demonios hay en su casa?- Preguntó María mientras golpeaba con sus robustos dedos el teclado y miraba fijamente la pantalla de su computadora.-Supongo que uno no más- respondió rápido Martín. – ¿Está seguro que su hija no está poseída también?- Preguntó incisiva la secretaria.-No, ella no, es mi esposa la endemoniada- aseguró Martín.-Mire que tenemos promociones, el Doctor expulsa dos demonios por el precio de uno este mes- ofertó sagaz María.- ¿Promociones?- Gritó Martín-¿No sabía que cobraban señora?.-La iglesia está en crisis mi querido-se lamentó la secretaria- ¿No se enteró que nos quitaron un subsidio de 20 millones de pesos? Por eso ahora el Doctor debe cobrar por su trabajo-.

Al oír eso Martín se retiró de la iglesia sin saludar. Corrió al cuarto templo, consiguió hablar con el Pastor Braulio, un veterano líder evangelista, dueño de una fe inquebrantable. Braulio al escuchar el calvario que vivía Martín, pidió que prepararan el auto para ir de inmediato a la casa a ver a Inés. Arribaron a las siete de la tarde aproximadamente. Acompañaban al Pastor tres hombres fornidos y valientes. Todos sabían a lo que se iban a enfrentar.

Tuvieron suerte de encontrar a Inés en la cama dormida. Aprovecharon para maniatarla.
Braulio comenzó a leer algunos pasajes de la biblia, ella se despertó furiosa (aunque ella no era ella en ese momento). Comenzó a maldecirlos a todos, en especial al Pastor al que trataba de gordo marica. A pesar de estar atada los acompañantes de Braulio la sostenían porque parecía que las cuerdas en cualquier momento iban a ceder. El Pastor le pidió a Martín que abriera todas puertas de la casa, así el ente que poseía a Inés podía escapar.
Así fue cuando el Pastor Braulio le ordenó al demonio que se retirara del cuerpo de Inés. Martín cuenta que vio un “ser traslúcido de mediana estatura, como un niño que bajó de la cama y una vez en el suelo corrió velozmente hacia la puerta”. Martín nunca supo si lo que vio fue real o producto de la sugestión. Pero desde ese momento Inés volvió a ser la que era. La desataron, se reencontraron llorando. Actualmente la familia sigue viviendo en Lavalle. Inés de a poco volvió a hacer su vida normal, Martín sigue trabajando en la finca y Abril abandonó la casa de su abuela para reencontrarse con ellos.

R.N.A. – Por Silvano Caña, EL PROCURADOR
Aclaración: Todo lo publicado en la sección R.N.A (Realidades No Aceptadas) son hechos reales, que sucedieron, los nombres de los protagonistas están modificados por pedido de los mismos (temen ser ridiculizados). Si queres contar algo inexplicable, extra ordinario, o poco común que te haya sucedido, podes comunicarte con Periódico Dignidad tel.2613832487 o con El Procurador tel.2615037287. Para leer más de El Procurador, aquí te dejo los links: https://periodicodignidad.com.ar/club-maldito/ y https://periodicodignidad.com.ar/la-bestia-blanca/

Mariano Molina Periódico Dignidad

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